Admito que estoy enamorada hasta la médula de un español; ya va para diez años que conocí el objeto de mi amor en Valladolid.
Se puede decir que, en el mundo hispanohablante, mi ídolo es un personaje de culto, realmente, pero igual que con muchas otras personas famosas el trato con él tampoco es fácil, por eso me ha sorprendido mucho que el escaso número de sólo 77 normas sean suficientes para arreglarse con él.
Los hispanohablantes, de niños están acostumbrados a su omnipresencia; sin embargo, según fuentes fidedignas poco a poco en la península ibérica su grado de popularidad va bajando y el objeto de mi amor está perdiendo terreno incluso allí, en su país natal, sin mencionar a quienes para los que el castellano es lengua extranjera. Para ellos es un tipo de lo más desagradable, evitan el contacto con él cada vez que sea posible. A decir verdad, para mi gran desdicha mi amante no es de carne y hueso, no podré escuchar nunca su declaración de amor, nunca disfrutaré sus acaricias cariñosas, es que mi ídolo es virtual...
Quiero contar la historia desde un principio. Estuve en Valladolid por primera vez en 1999. En aquel entonces, en un concurso habia conseguido un curso gratuito por un período de dos semanas en una de las escuelas vallisoletanas. Quiero mencionar que en aquella época E.L.E.Instituto todavía no existía. Llegué a la academia, tuve que someterme a un examen corto y poco después me ví en una aula junto con mis compañeros de estudio futuros. El profesor nos hizo saber el asunto de la primera semana lectiva: el subjuntivo. ¡Ay, ay, ay! Aquel entonces todavía no tenía ni idea, ni por asomo, de este asunto gramatical.
Me acuerdo de que pasaba los días siguientes copiando de la pizarra las normas que sirven para sistematizar el subjuntivo e intentaba interiorizar la particularidad de esta sutil herramienta lingüística. Pasados unos días, poco a poco iba empezando a ver el subjuntivo español como una red sumamente sensible que quiere satisfacer la urgente necesidad de transmitir a la lengua las vibraciones más posibles del pensamiento y comprendí por qué a los alemanes nos cuesta manejar bien el subjuntivo español; emplearlo exige de nosotros cambiar nuestro modo de pensar, porque nosotros estamos marcados del indicativo. Despreocupadamente manifestamos las vibraciones de la incertidumbre, del gozo, de la alegría, de la duda o de la pena con el verbo mismo de la frase principal mientras el castellano transmite la vibración al verbo secundario
Es el subjuntivo de los españoles un labor de filigrana aplicado a la vida cotidiana, y está hecho para todos, independiente de su nivel educación.
Los matices, los tonos intermedios, expresarlos rotundamente pero con facilidad y discreción, esto es la característica del subjuntivo en castellano. ¿Suena complicado, verdad? Digo yo que el complicado es fascinante y encantador igual que un hombre atractivo. Me prendé de este español; espero dominarlo alguna vez enteramente, pero no será fácil, será un reto, es que el subjuntivo es masculino y ningún hombre deja controlarse por completo, jamás de los jamases.
He contado esta historia porque el profesor que aquel entonces, en 1999, me presentó el Sr. Subjuntivo es el mismo que hoy día lleva el E.L.E.Instituto.
Se puede decir que, en el mundo hispanohablante, mi ídolo es un personaje de culto, realmente, pero igual que con muchas otras personas famosas el trato con él tampoco es fácil, por eso me ha sorprendido mucho que el escaso número de sólo 77 normas sean suficientes para arreglarse con él.
Los hispanohablantes, de niños están acostumbrados a su omnipresencia; sin embargo, según fuentes fidedignas poco a poco en la península ibérica su grado de popularidad va bajando y el objeto de mi amor está perdiendo terreno incluso allí, en su país natal, sin mencionar a quienes para los que el castellano es lengua extranjera. Para ellos es un tipo de lo más desagradable, evitan el contacto con él cada vez que sea posible. A decir verdad, para mi gran desdicha mi amante no es de carne y hueso, no podré escuchar nunca su declaración de amor, nunca disfrutaré sus acaricias cariñosas, es que mi ídolo es virtual...
Quiero contar la historia desde un principio. Estuve en Valladolid por primera vez en 1999. En aquel entonces, en un concurso habia conseguido un curso gratuito por un período de dos semanas en una de las escuelas vallisoletanas. Quiero mencionar que en aquella época E.L.E.Instituto todavía no existía. Llegué a la academia, tuve que someterme a un examen corto y poco después me ví en una aula junto con mis compañeros de estudio futuros. El profesor nos hizo saber el asunto de la primera semana lectiva: el subjuntivo. ¡Ay, ay, ay! Aquel entonces todavía no tenía ni idea, ni por asomo, de este asunto gramatical.
Me acuerdo de que pasaba los días siguientes copiando de la pizarra las normas que sirven para sistematizar el subjuntivo e intentaba interiorizar la particularidad de esta sutil herramienta lingüística. Pasados unos días, poco a poco iba empezando a ver el subjuntivo español como una red sumamente sensible que quiere satisfacer la urgente necesidad de transmitir a la lengua las vibraciones más posibles del pensamiento y comprendí por qué a los alemanes nos cuesta manejar bien el subjuntivo español; emplearlo exige de nosotros cambiar nuestro modo de pensar, porque nosotros estamos marcados del indicativo. Despreocupadamente manifestamos las vibraciones de la incertidumbre, del gozo, de la alegría, de la duda o de la pena con el verbo mismo de la frase principal mientras el castellano transmite la vibración al verbo secundario
Es el subjuntivo de los españoles un labor de filigrana aplicado a la vida cotidiana, y está hecho para todos, independiente de su nivel educación.
Los matices, los tonos intermedios, expresarlos rotundamente pero con facilidad y discreción, esto es la característica del subjuntivo en castellano. ¿Suena complicado, verdad? Digo yo que el complicado es fascinante y encantador igual que un hombre atractivo. Me prendé de este español; espero dominarlo alguna vez enteramente, pero no será fácil, será un reto, es que el subjuntivo es masculino y ningún hombre deja controlarse por completo, jamás de los jamases.
He contado esta historia porque el profesor que aquel entonces, en 1999, me presentó el Sr. Subjuntivo es el mismo que hoy día lleva el E.L.E.Instituto.
1 comentario:
Ahora se entiende todo...
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